A lo largo de mi vida siempre he tenido dos problemas latentes. El primero; es que soy más de escribir que de decir las cosas. El segundo; es que soy más de ponerme corazas.
Hoy, cuando ya no pensaba que volvería aquí, después de 11 años vuelvo a escuchar a mi yo interno, a pararme a pensar y a coger el valor suficiente para plasmar todo lo que no puedo decir en forma de palabras (gracias).
Esta semana me ha vuelto a venir a la cabeza una frase que hice el discurso de la boda de mi mejor amigo, que dice así: “La vulnerabilidad es algo tan frágil que hay que entregársela a alguien que te haga sentir indestructible”
Los motivos de mi vuelta a esto pueden ser diversos, pero creo que tú (la persona que está leyendo esto) intuye a que se debe.
Por volver a mirarte fijamente a los ojos y que te pongas nerviosa.
Por apoyar mi cabeza en tu hombro.
Por darte un beso de eternidad o de esquimal.
Por trasnochar hasta las tantas.
Por seguir conociéndote más.
Por sentirnos indestructibles.
Por ojalá, nosotros.
Y por como diría alguien que tú y yo sabemos, quiero que sepas que voy a cuidar de ti.